Punto de Encuentro

Espacio Difusión y Debate de Historia, Educación y Ciencias Sociales.

01 junio 2006

Declaración ARCIS-ARAUCO frente a conflicto en Educación

POR UNA EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA, CON VOCACIÓN PÚBLICA Y DE CALIDAD

Estamos viviendo días históricos. El anhelo de transformar las bases de la educación chilena, impulsado por el movimiento estudiantil secundario, ha encontrado eco en el conjunto de la sociedad civil. Hoy, las demandas adquieren un tono transversal que involucra a estudiantes, profesores, apoderados y al conjunto de la sociedad. En nuestra calidad de educadores, concientes de la legitimidad de las reivindicaciones hoy puestas en el tapete, y asumiendo nuestro rol de promotores del debate público declaramos:


1) Es necesario derogar la Ley LOCE, ley de amarre que se conserva intacta por la nula voluntad política de impulsar cambios de fondo a la educación, que ha imperado en la postdictadura. Esto abriría las puertas a un proceso democratizador de la institucionalidad educacional.

2) La Reforma Educacional y la JEC, requieren de una profunda evaluación en su implementación. Esto no puede hacerse de espaldas a los actores educativos, profesores, estudiantes y apoderados, que largamente han venido denunciando las precarias condiciones materiales en las cuales se desarrolla diariamente su quehacer. Llegó el momento de diseñar desde la sociedad civil, un modelo educacional que responda verdaderamente a las necesidades de nuestro país. Un modelo equitativo, democrático y de calidad.

Las autoridades, particularmente en este conflicto, han demostrado que no están en condiciones de llevar a cabo una reforma educativa profunda, pues carecen de un proyecto consistente para abordar este desafío. Ha sido vergonzosa la improvisación con que el gobierno (a través del penoso rol del Ministro Zilic) ha abordado las demandas estudiantiles, subestimando el carácter de la movilización social emprendida por los jóvenes.

3) La municipalización definitivamente colapsó. En la Provincia de Arauco, no hay municipio que no presente un déficit en esta área. Esto conlleva problemas de financiamiento graves, que afectan la calidad de la enseñanza y que por lo tanto reproducen la profunda brecha entre ricos y pobres. Es urgente modificar esta situación, asumiendo el Estado la responsabilidad de garantizar una educación de calidad para todos/as.

4) Rechazamos la represión contra estudiantes movilizados y medios de prensa registrada esta tarde en distintas ciudades del país. Ello demuestra la falta de capacidad para construir posiciones de diálogo democráticas, que consideren la legitimidad de las demandas planteadas desde la ciudadanía. El tratar a todo quien se manifiesta como bárbaro, terrorista o delincuente, muestra de parte de las autoridades no solo falta de tolerancia, sino un profundo autoritarismo, enraizado en sus formas de control social y de hacer política. ‘Delincuenciar’ la protesta, ha sido la forma más usada en postdictadura para fragmentar y atomizar la voz de la ciudadanía. Esperamos un pronunciamiento claro de rechazo a la represión de parte de la máxima autoridad política del país.

5) En nuestra calidad de formadores de nuevas generaciones de profesores, no podíamos guardar silencio frente a esta oportunidad histórica de iniciar una profunda y verdadera transformación de nuestra educación.



VICTOR LIMARDO, Profesor de Música, Coordinador Área de Educación
RICARDO VARGAS, Profesor de Historia, Coordinador Área Cs. Sociales y Humanidades
ALEXIS MEZA, Profesor de Historia, DIRECTOR DE SEDE


UNIVERSIDAD ARCIS ARAUCO, Martes 30 de Mayo del 2006.-

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03 abril 2006

Conferencia: Historia Contemporánea de Bolivia

“HISTORIA CONTEMPORÁNEA
DE BOLIVIA”

Expone: Leonardo Jeffs Castro. Profesor y ex Presidente del Instituto Chileno Boliviano de Cultura
Día: Lunes 03 de Abril
Hora: 18:00 Hrs.
Lugar: Auditorio de Humanidades y Artes (Lenguas)

Organiza e Invita: Vocalía de Derechos Humanos de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC)

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08 marzo 2006

Agradecemos

En éste inicio de actividades agradecemos los saludos recibidos por los amigos de la órbita blog:
Les invitamos a seguir en contacto en éste Punto de Encuentro.

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27 febrero 2006

Evo Morales en Chile

Invitado a la ceremonia de transmisión del mando presidencial, el próximo 11 de marzo llegará a Chile el Presidente de la hermana República de Bolivia, Evo Morales.
Los abajo firmantes, CONSCIENTES del trascendental proceso de emancipación popular y nacional que lidera el Presidente Evo Morales en Bolivia, COMPROMETIDOS en el camino de unidad e integración de los pueblos latinoamericanos que nos permita avanzar hacia una efectiva independencia y soberanía, libres de las ataduras neocoloniales, superando aciagos períodos históricos en que el interés foráneo impuso la confrontación entre naciones hermanas; REAFIRMAMOS nuestra plena solidaridad con el rumbo de refundación democrática de la República boliviana y llamamos a todos los chilenos y chilenas a una gran manifestación pública de bienvenida al Presidente Evo Morales, manifestación a la cual el ya ha comprometido su asistencia. Pedimos a quienes adhieran a esta declaración, que hagan también su contribución para difundirla en todos los ámbitos de la sociedad civil, sin exclusiones, y coordinar la participación de sus organizaciones de pertenencia en este gran acto de alegría y fraternidad latinoamericana.
El acto esta programado para el próximo día 10 de marzo a las 18 hrs. en el Court Central del Estadio Nacional.

Comité Organizador

Adhesion de Organizaciones:
ACCION
Agrupacion Nacional de ex-presos politicos de Chile
ANAMURI, Asociacion Nacional de Mujeres Rurales e Indigenas
ANDES, Acuerdo Nac. Por la democracia, la soberania y la solidaridad
ANEF, Asociacion Nacional de Empleados Fiscales
APILA, Asociación de Inmigrantes por a Integración Latinoamericana y del Caribe
Asamblea Metropolitana Mapuche de Izquierda
Aspciacion por los Derechos Ciudadanos
AUSECH, Asoc. De Usuarios de la Salud contra el cheque en garantia
Brigada de ex-presos politicos de Chile
CAT, Central Autonoma de Trabajadores
Centro Cultural El Sitio de Yungay
Centro Cultural, Social y del Medio Ambiente Ceibo Luis Márquez Valdivia :
Centro de Iniciativas para el Desarrollo
CLOC, Coordinadora Latinoamericana de Oerganizaciones del Campo
Colectivo Ciudadano ESOPO
Colectivo Familiares y Amigos de los 119
Colectivo Oveja Negra
Colegio de Profesores de Chile
Comando Amplio de Solisaridad con Cuba
Comision Etica Contra la Tortura
Comite de Amigos del Patrimonio del Barrio Yungay
Comité Defensa del Cobre
Comite Vecinos Coordinados por Santiago
Confederacion Bancaria
Confederacion Campesina e Indigena Ranquil
Confederacion Metalurgica
Confederacion Minera, Moises Labraña
Confederacion Nacional Forestal
Confederacion Nacional Unidad Obrero Campesina
Consejo de Defensa del Valle del Huasco
Coordinacion Nacional de Familiares de ex-presos politcos fallecidos
Coordinadora Nacional de ex-presas y ex-presos politicos de Chile
Corporación Urracas, Emaus.
Cultura en Movimiento
Cultura Mir
FAUECH, Federacion de Academicos de las Universidades Estatales de Chile
FECH, Federacion de Estudiantes Universidad de Chile
Federacion de Sindicatos de Trabajadores de Cajas de Compensacion
FEUSACH, Federacion de Estudiantes de la Universidad de Santiago
FEUTEM Federacion de Estudiantes Universidad Tecnologica Metropolitana
Fuerza Social y Democratica
Movimiento Aqui la Gente
Movimiento Generación 80
Movimiento Social Independiente de Exonerados
OCEANA
OLCA, Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales
Parlamento Social
Partido Comunista de Chile
Partido Humanista
Partido Radical de Chile
Plataforma Rural
Sindicato Nacional de Tabajadores y Trabajadoras Lesbianas, Gays "Luis Gauthier"
Sociedad Chilena de Física
Talleres de Etica y Sociedad
Union Via Campesina
Universidad ARCIS, Gutiérrez Carlos.
Universidad ARCIS, Tomás Moulián
Adhesiones Personales:
Adriana Vega, Medico, Colectivo Ciudadano ESOPO
Alejandra Hernández
Alejandro Toro Vega, médico.
Alejandro Valenzuela, Comunidad para el Desarrollo Humano
Alejandro Yáñez, Ingeniero, Profesor UAHC.
Alexis Meza, Director Universidad ARCIS Arauco – Taller de Cs. Sociales ‘Luis Vitale’ Concepción.
Alfredo Estrada, Medico, Colectivo Ciudadano ESOPO
Alicia Cerda
Alicia Muñoz, ANAMURI.
Alvaro Manriquez Mujica Corporacion GRADA
Alvaro Ramis, Teólogo CEDEM
Ana Maria Boudet
Ana María López, Actriz, Cultura en Movimiento
Ana María Monsalve Paiva, abogado
Ana Vega Pais, Pediatra, Colectivo Ciudadano ESOPO
Andrea Sekler
Andrés Figueroa, Periodista, Colectivo Oveja Negra
Andrés Pascal Allende, sociólogo.
Andrés Perillán Salcedo, Ingeniero Comercial USACH
Andrés Zamora, Periodista, Colectivo Oveja Negra.
Aníbal Reyna, actor
Atilio Barrios, Ingeniero
Aurora Araos Cabezas, Presidenta de FREMESAM
Carlos Cortes, Centro Cultural Casa America
Carlos Corvalán
Carlos Duran
Carlos Padilla, Directiva Nacional Partido Humanista
Carlos Tomic, Ingeniero Civil.
Carlos Zúñiga Soto, U. ARCIS
Carmen Arévalo Ojeda, Secretaria
Carmen Lazo, ex parlamentaria
Carolina Arrau
Carolina Espinoza, Asistente Social dirgente de la CONFUSAM
Cecilia González Rodríguez, CG Producciones
Celsa Parrau, dirigente Colegio Enfermeras
Claudia Céspedes, productora audiovisual
Claudia Drago Camus
Claudio Huepe, ex Ministro y ex parlamentario
Claudio Sepúlveda, médico
Coral Pey , Directora de ACJR
Daniel Diaz, Agrupacion Huaico (Huasco)
Daniel Palma, estudiante ARCIS
David Espinoza Gho
Edison Barría B. Secretaría Internacional y de la Comisión de DD.HH. del PPD
Eduardo Carmona I. Talleres Etica y Sociedad
Efren Osorio Jara Presidente Partido Humanista
Elías Padilla, Antropólogo, U. Academia de Humanismo Cristiano
Elizabeth Vera, AUSECH
Erika Klenner Tesorera
Ernesto Benado, abogado.
Ernesto Medina, Movimiento Aqui la Gente
Esteban Maturana Doña, Presidente de CONFUSAM
Ethel Plicoff V.Presidenta Consejo Metropolitano Colegio Periodistas de Chile
Etiel Moraga, dirigente CUT.
Fanny Canessa Vicencio
Fernando Henríquez H., Centro de Iniciativas para el Desarrollo.
Fernando Krauss Ruz, Ingeniero.
Fernando Ortiz Silva, Directiva Nacional Partido Humanista
Flores Lillo Juan Arnaldo
Francisca Pesse
Francisca Rodríguez, ANAMURI
Francisco Marín Castro
Francisco Vergara, académico U. Academia de Humanismo Cristiano
Francisco Villa, Trovador, Cultura en Movimiento
Gregorio de las Heras, Poeta, Cultura en Movimiento
Gregory Cohen, director de cine
Guillermo Holtheuer, Partido Radical de Chile
Guillermo Russell Olguín
Gustavo Ruz Zañartu, sociólogo
Héctor Fernández Valdés, Dirigente CUT.
Hernán Montecinos, escritor.
Hernán Soto, periodista Revista Punto Final.
Horacio Díaz Olivos, Dirigente Sindical
Hugo Hurtado, Pdte. Fed. Nac. De Trabajadores Metalúrgicos
Humberto Martones Morales, Ex Ministro de Estado.
Irma Vargas, secretaria U. Arcis.
Isabel Margarita Morel
Isolina Lincolao, Arquitecto
Ivan Barrera, Directiva Nacional Partido Humanista
Iván González, Arquitecto, Partido Radical de Chile
Jacobo Schatan, economista.
Jacques Chonchol, Ingeniero Agrónomo.
Jaime Insunza, académico U. Arcis.
Javier Bertin Mardel, ANTU Producciones
Javier Vargas Pereira, ex Consejero Juvenil Pdte. Allende
Jenny Assael, Fuerza Social y Democratica
Joaquín Arduengo Naredo, Directiva Nacional Partido Humanista
Jocelyn Guerrero L. Diseñadora Gráfika
Joel Naveas proyectista civil estructural
Jorge Arrate M. , abogado.
Jorge Pavez, Presidente Colegio de Profesores de Chile
Jorge Peña Lillo
Jose Osorio, Poeta, Cultura en Movimiento
Joseph Gómez Villar
Juan Carlos Arancibia
Juan Cuevas, Coordinador Comando Amplio Solaridad con Cuba
Juan Enrique Prieto, Directiva Nacional Partido Humanista
Juan Olave, Fuerza Social y Democratica
Juan Recabarren Rivas, Vicepresidente Consejo Económico Social de Santiago.
Julián Alcayaga, Comité Defensa del Cobre.
Julio Campos Avila, ex parlamentario
Julio Stuardo González, abogado
Kelly Echiburú Alfaro
Leonardo Jeffs Castro, Historiador, Ex Pdte. Inst. Chileno Boliviano
Leopoldo Benavides, Académico, U. Academia Humanismo Cristiano
Lucio Cuenca, OLCA.
Luis Alberto Mansilla, Periodista
Luis Campos, Académico, U. Academia de Humanismo Cristiano
Luis Messina, Dirigente Confederacion Bancaria
Luis Villazón León
Manuel Cabieses, Director Revista Punto Final
Manuel de la Puente, Presidente de ANEF
Manuel Guerrero Antequera, Sociólogo
Manuel Hidalgo, economista.
Manuel Jacques, académico U. Bolivariana
Manuel Olate, Comite Vecinos Coordinados por Santiago
Marcel Claude, OCEANA.
Marcela Suarez B.
Marcelo Ramos
María Cecilia Jiménez Cavieres, Psicóloga
María Emilia Marchi Badilla, Cultura Mir.
María Teresa Castillo Vásquez, Colegio de Enfermeras.
Marianela Estrada Mardones, ANTU Producciones
Marilen Cabrera Olmos Secretaria General PH
Mario Agular Arevalo 1er.Vice.Pdte. PH
Mario Gomez, Directiva Nacional Partido Humanista
Mario Insunza
Marisol Morales B. Centro de Iniciativas para el Desarrollo.
Michely Bravo Valenzuela 2do.Vice.Pdte.
Miguel Sayago
Miguel Angel Romero, Poeta, Cultura en Movimiento
Miguel Moreno Beauchemin, Colectivo Ciudadano ESOPO
Miguel Soto, Presidente Confederacion Metalurgica
Mireya Bastidas, Socióloga.
Mirna Inostroza, Consejo de Defensa del Valle del Huasco
Moisés Labraña, Presidente Confederacion Minera.
Nancy Guzmán Jasmen, Periodista
Nancy Luco Rojas. Directora Instituto de Educación Universidad Bolivariana.
Nelly Tapia Lobos, Enfermera
Octavio Gonzalez, Directiva Nacional Partido Humanista
Oscar Covarrubias, profesor, Partido Radical
Oscar Núñez Bravo, ex Pdte. de la CUT
Oscar Torres, Plataforma Rural
Pablo Fernández, Trovador
Pablo Ruiz Cereceda
Pamela Sepúlveda Rosales, Periodista TELESUR
Paola Parra, Directiva Nacional Partido Humanista
Patricia Lorca
Patricio Andreu Avila, Directiva Nacional Partido Humanista
Patricio López P., periodista OCEANA
Patricio Pastene Baeza, trabajador de la Construcción
Patricio Valenzuela, Dentista, Colectivo Ciudadano ESOPO
Raul Angel, Medico, Colectivo Ciudadano ESOPO
Raúl Flores Castillo, Cultura MIR
Raul Guillen, Empresario
Raul Valle, Colectivo Ciudadano ESOPO
Ricardo Frodden A., Comisión Ética contra la Tortura
Ricardo Silva, Poeta, Cultura en Movimiento
Roberto Guerra, Trabajador Social, Cultura en Movimiento
Roberto Pizarro, economista, Ex Ministro de Estado
Rocío Villalobos Ovando, Periodista
Rodrigo Román, Abogado DDHH
Rosario Carvajal, Comite Vecinos Coordinados por Santiago
Rosemary Stevens, Parlamento Social
Sergio Grez Toso, Historiador
Sergio Lecaros Comite Vecinos Coordinados por Santiago
Sergio Parrau, Ingeniero
Sigdo Rios
Tomas Bize Brintrup, Directiva Nacional Partido Humanista
Tomas Hirsch ex-candidato Presidencial Pacto Electoral Juntos Podemos Mas
Belinda Zubicueta ultima presa politica
Victor Hugo Castro, Poeta, Cultura en Movimiento
Victoria Saldaña Muñoz, Psicóloga.
Vólker Gutiérrez Aravena; Periodista.
Wilson Tapia, Periodista.
Ximena Cumican
Ximena San Cristobal Pérez
Ximena Toro Vega

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26 febrero 2006

NUESTRA HISTORIA ESTÁ LLENA DE MEMORIA

I
Historia, Política y Memoria

No es muy común que cientistas sociales e intelectuales en general, intervengan en el debate público. Se ha perdido esa característica destacada en historiadores liberales decimonónicos o más recientemente en la influencia que a mediados del siglo XX ejercían en la vida política, los historiadores marxistas o mesocráticos. Más bien dicha influencia, hoy se reduce a esferas académicas cerradas o es patrimonio de especialistas o tecnócratas administradores del modelo en curso. Por ello, es importante que la ciudadanía en general conozca que hacen, que piensan y como actúan, quienes desde diferentes espacios inciden en los modos de enseñar, producir y estudiar en general nuestra Historia de Chile. La reciente difusión del Manifiesto de Historiadores II (Contra los que torturan en nombre de la Patria); el apoyo dado por numerosos historiadores, intelectuales en general y ciudadanos a la libertad de los presos políticos, aún recluidos en la CAS; el anterior Manifiesto de Historiadores, a propósito de la detención de Pinochet en Londres, son notables excepciones al respecto que es preciso valorar. Somos de los que creemos que la producción y el estudio histórico, es una dimensión del compromiso político y ciudadano de quienes lo realizan, marcado profundamente por el posicionamiento de cada actor social con respecto a su realidad pasada, presente y futura, los proyectos con los cuales se identifica y los discursos y prácticas que acomete. La Historia como análisis del pasado y proyecto social, es por lo tanto, eminentemente política.

El debate en torno al Informe de Prisión Política y Tortura, ha motivado a historiadores e intelectuales de distinto signo, a dar a conocer su posición. Ha sido difundida una Declaración de Historiadores, a través de la prensa local, que cuestiona el llamado Informe Valech, y plantea algunas “precisiones” al contexto histórico, el cual a su juicio, “presenta una vez más un conjunto de falsedades, contradicciones y afirmaciones infundadas, acompañadas de graves omisiones”. No conformes con ello, ponen en duda la veracidad de los testimonios de los detenidos y torturados que el Informe recopiló, concluyen que no es una “razonable visión del período” y terminan señalando que “Millones de chilenos guardan en su memoria, en sus documentos personales y en su conciencia recta, una visión claramente diferente a la propuesta por la Comisión sobre la obra humanizadora del Gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden, aun en medio de sus defectos. A la conservación y difusión de esa verdad completa seguiremos dedicando nuestro estudio, nuestra investigación y publicaciones y nuestra docencia”.

Ante ello, y dado el férreo compromiso que estos personeros demuestran en la defensa del régimen dictatorial, hemos considerado necesario posicionar una mirada radicalmente altera ante los “juicios y precisiones” de dicha Declaración, que dé cuenta ante la ciudadanía, de la praxis historiográfica y política de quienes redactan el documento de marras y por último, relevar la importancia de la difusión y el estudio de nuestra historia reciente. Los suscritos, un grupo de personas con un compromiso profesional y personal por la historia presente, decidimos abrir la tribuna, desde esta región, para una discusión democrática que parta desde la disciplina, pero que no excluya la mirada y el análisis político de los hechos de nuestro pasado reciente, incorporando a todas aquellas "otras voces" (académicas y sociales) que quieran sumarse a nuestra voz y compromiso, pues entendemos la historia como una disciplina social- afincada en valores y en una ética humana -,y la práctica historiográfica como un proceso que responda a las necesidades de articular y sistematizar experiencias vitales de los hombres y mujeres de nuestras comunidades con el fin de profundizar radicalmente la democracia y la justicia social. Lo anterior representa el fundamento primero de nuestra visión-académica y profesional- de la historia y el conocimiento social.

II

La Historia una forma de Memoria

El Informe Valech nos obliga a transitar por nuestro pasado y nos muestra que solo el reconocimiento de la historia nos puede permitir construir un futuro con sólidos cimientos, basado en la verdad y la justicia, reconociendo sin apremios, que esto muchas veces se construye a partir de los conflictos y crisis de la memoria, es decir de las formas diversas en que la sociedad recuerda.

Valoramos el esfuerzo articulador del relato de esta intensa y profunda memoria del dolor en que se constituye el Informe. Relevamos además, que haga presente a través de las caras y los nombres de las víctimas de la tortura, la historicidad cargada de proyectos y esperanzas que cobijaron los anhelos de cambio del movimiento social popular, desde los albores mismos de la República. No obstante ello, señalamos críticamente el que su traducción política impide conocer y reconocer a quienes escudados en la construcción de proyectos sociales excluyentes, autoritarios y represivos, torturaron y mataron en nombre de las siempre presentes "razones de Estado", las mismas que hoy les protegen y entregan no unas "suaves cenizas del olvido", sino que les mantienen escondidos bajo la vergonzosa excusa de las "responsabilidades individuales" y de los "excesos", privilegiando, por las mismas razones, la pragmática impunidad por sobre el valor ciudadano y humanista de la justicia.

La memoria social, por la verdad, la justicia y la democracia ha dado una dura lucha contra las estrategias pro olvido. Exponiendo los cuerpos y levantando las voces, va develando en su apertura los vestigios más impactantes de la crudeza dictatorial. El Informe Valech no hace sino poner en papel y difundir por los medios de comunicación, esta lucha constante de quienes sufrieron- y sufren - la represión por negarse a olvidar.

Lo que fue violentado en Chile fue la estructura sociohistórica, que la Memoria hoy nos permite reconstruir. Asumir la historia desde los testimonios, nos conduce desde los hechos al corazón del subjetivo social e individual; es entregar la pluma a los actores, democratizando la forma de hacer historia, anteponiéndose ante quienes se autodenominan "voces autorizadas" y que desde la tribuna de la academia tradicional, por largo tiempo construyeron (y pretenden seguir haciéndolo) un conocimiento histórico que se levanta como una “verdad completa” y hegemónica.

III

Precisiones desde esta otra Memoria

Los términos en que está planteada la Declaración no son dignos de ser rebatidos. La tremenda producción de los últimos años historiográfica y documental, y la enconada lucha dada por múltiples actores, hace hoy imposible seguir tapando las violaciones a los DDHH y las responsabilidades institucionales. Las justificaciones para emprender el golpe de Estado son trasladadas mecánicamente para justificar también largos 17 años de dictadura. Muy tarde se dan cuenta “...de la enorme crudeza de los testimonios, de la gravedad de los actos ahí denunciados y de la necesidad de evitar toda acción de esa naturaleza en el presente y futuro de Chile”. Nuestra historia está muy fresca como para borrar la ferocidad del régimen, la instauración del terror como dispositivo para sostener el poder conseguido militarmente, el genocidio como práctica cotidiana y la pretensión de impunidad posterior. Hablar del contexto histórico obliga a hablar de la historia larga de la construcción oligárquica republicana, la de la violencia sistemática y organizada, la del “orden portaliano”, la de la exclusión, aquella que no es otra cosa que represión. Apelar al contexto histórico para expiar culpabilidades personales que enferman “conciencias rectas”, constituye hoy una nueva aberración y una manipulación inaceptable de la historia como disciplina.

Reconocemos que efectivamente algunos firmantes que intentan representar a esos “millones de chilenos” guardan en sus memorias y documentos personales, publicaciones y acciones, que avalan esa obra. Es necesario sumar a esto que también guardan una historia de compromiso y complicidad con la dictadura de Pinochet, de la cual varios de ellos fueron activos colaboradores.
Para nadie, vinculado al mundo académico regional, es un misterio que los ‘destacados profesores firmantes’, avalaron desde su testera académica, desde su posición de clase, y desde su activo accionar político, al régimen más sangriento y arbitrario de la historia de Chile, que más que “defectos“- cómo se plantea con un eufemismo rayano en la desvergüenza - construyó una política de Estado basada en el exterminio sistemático y organizado, y el vejamen deliberado e inhumano de quienes no pensaban como ellos, transformando las voces de quienes se le opusieran, en un otro que debía ser eliminado. Un ejemplo de ello es el apoderamiento de las aulas académicas y los atrios de la producción histórica y del resto de las humanidades y ciencias sociales a través de la censura, la delación, la persecución o simplemente la desaparición y muerte de una larga lista de profesores y estudiantes que hasta la mañana del 11 de septiembre de 1973 trabajaban en universidades y centros de estudio en la región y en el país. Resulta lamentable que la perpetración de estos crímenes de lesa humanidad - sobre todo a la luz de la experiencia histórica del siglo XX- sean presentados, por estos historiadores, como fruto de "defectos" del gobierno liderado por las FFAA.

El Informe Valech, muestra también los testimonios no sólo de quienes sufrieron las acciones represivas de la dictadura, sino también los documentos emanados de quienes formaban parte del aparato represivo y político del régimen. Los extractos de sentencias de Tribunales Militares que aparecen en el informe nos muestran como la “obra humanizadora” del régimen pasó por alto las normativas jurídicas del debido proceso, violó los tratados internacionales y condenó a personas por el hecho de pensar distinto y creer que era posible otra forma de convivencia social. Por lo anterior, llama la atención que los autores de dicho documento, no se interioricen de aquellos aspectos que el Informe puntualiza y aclara, para “evitar suspicacias”. De esta forma cuando los ‘académicos’ señalan: “se resume la política de detenciones como un estado policial, cuando correspondieron al 0.3% de la población y no alcanzaron ni al 2% de los electores de la UP en las parlamentarias del 73; se enumeran tipos de recintos de detención, cubriendo una amplia gama, con lo que se induce al lector a pensar en un gran campo de concentración en Chile”, nos resulta imperativo señalar, que ya no es posible continuar sosteniendo que la historia se reduce, tanto en su compresión como explicación, sólo a un conjunto de cifras y datos que no señalan absolutamente nada más que eso, un mero dato. La historia política, es bastante más compleja. Es el propio Informe, el que en su Capítulo II, señala con certeza y claridad los nombres y ubicaciones de esos centros de detención, información entregada mediante oficio, por las propias ramas de las Fuerzas Armadas y la Policía de Investigaciones. También contiene los nombres de los treinta mil hombres y mujeres, jóvenes y niños, ancianos y ancianas que en esos mismos centros sufrieron la detención arbitraria, la tortura y el vejamen. Sobre esos miles de chilenos y chilenas, todos ellos con su nombre y apellido, se dejó caer todo “el peso de la noche”, las razones de Estado, la pura y simple represión. Es necesario precisar, que no es prerrogativa del Informe ocultar las identidades de los “actores”, víctimas y victimarios. Es simplemente otra más de las razones de Estado, es una más de las lógicas con las que se articula y escribe la historia republicana de nuestro país, la que no nos permitirá conocer las identidades de los torturadores, sino hasta 50 años después. Es el Estado chileno, el que una vez más impide la justicia y guarda piedad para los criminales. El Informe Valech, nos permite hoy obtener justicia social y ciudadana.

Lo que los firmantes del documento, en cuestión, consideran más grave es que “la Comisión pretenda hacernos creer que para el contexto histórico no importa nada lo que hacían los 34 mil declarantes justo antes de ser detenidos”. Constituye para nosotros uno de los "juicios" más grave que el documento enuncia. Sí importa quienes eran esos miles de mujeres, hombres, niños, ancianos; sí importa en qué creían y los proyectos que encarnaban. Podemos discutir histórica y políticamente la validez de esos proyectos, podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con sus estrategias y sus prácticas políticas y sociales, pero desde cualquiera de las trincheras en la cual nos situemos, no podemos como sociedad, hoy negar la existencia de esa política represiva y de exterminio que el régimen aplicó en contra de miles de chilenos y chilenas. La “conciencia recta” de millones de personas hoy repudia la política represiva aplicada durante la dictadura de las FFAA y de quienes desde la sociedad civil los apoyaron, haciéndose cómplices de la violación a los Derechos Humanos.

IV

La Historia como Proyecto

Entendemos la historia como una disciplina que asume los cambios, las crisis y los conflictos como formando parte de un todo. Lo anterior nos lleva a entender la historia reciente no sólo a partir de la coyuntura del Golpe de Estado de 1973, hecho histórico de innegable trascendencia, pero no por ello deja de ser lo visible (y sólo lo visible) de una crisis estructural que nos remite a un largo proceso sociopolítico de luchas sociales, de resistencias y de creación de proyectos surgidos desde ideas y estrategias de acción diversas de las clases y grupos sociales durante, por lo menos, todo el siglo XX.

Desde estas claves, el Informe Valech no hace otra cosa que dar cuenta de una constante en la historia de Chile. La violencia política ejercida desde las esferas del Estado, por parte de los grupos dominantes, es una característica que hoy la sociedad chilena no está dispuesta a seguir callando ni aceptando. El peso de los hechos, las luchas de la sociedad civil y el rol de los intelectuales, deben seguir buscando develar a estos “círculos académicos” que hoy aparecen como adalides de la verdad histórica, en circunstancias que tienen una trayectoria marcada por su falta de compromiso con la ética, la verdad y la justicia.

De manera tal, que seguir atribuyendo las causas de la crisis del 1973 a "la crisis política", como lo ha venido haciendo persistentemente la historiografía de derecha, en su afán de justificar el "Pronunciamiento", nos parece un argumento reduccionista y ahistórico. Discutir semánticamente si fue o no Golpe de Estado, es algo que la sociedad chilena ya ha dado por superado, lo cual demuestra una vez más, que a veces el juicio de la ciudadanía avanza más rápido que las ‘pretendidas verdades oficiales’. Por ende no nos entramparemos en ello. Rechazamos de plano los eufemismos y la ‘operación de maquillaje’ de la barbarie militar y política, de la cual estos ‘académicos’ hacen gala. Creemos que la historia es un oficio que requiere compromiso, que nos permite ir de frente, que posibilita dar la cara y que no se esconde tras discursos academicistas, con una supuesta neutralidad, que no hace sino esconder el lugar de producción de quienes enuncian un discurso histórico que nuevamente busca imponer una verdad "propia" a miles y millones de chilenos y chilenas que no la reconocemos como nuestra.

V

Desde Concepción

Los mismos que gozaron ayer, de todos los medios de difusión para sus discursos políticos e historiográficos, y que hoy pretenden conservar unilateralmente dicho privilegio, deben tener claro que en nuestra región, emergen otras voces, que ancladas desde las ciencias sociales, están dispuestas a dar con ellos la batalla por la memoria y disputar el debate público, en aras de la verdad, la justicia y la esperanza, por una sociedad sin torturadores y efectivamente democrática.

Nuestra región dio una amplia lucha por la defensa de los DDHH, en los duros años de la dictadura. Ejemplos sobran. En memoria de esa historia, nos negamos a este nuevo ejercicio de la negación, para impulsar este otro compromiso con la verdad, la democracia y la justicia social.



Concepción, Viernes 17 de Diciembre del 2004.




SUSCRIBEN

Karen Alfaro Monsalve, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Profesora Universidades San Sebastián y ARCIS Arauco, Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Eduardo Aquevedo, Sociólogo, Doctor en Cs. Económicas, Profesor de la Universidad de Concepción.
Manuel Antonio Baeza, Doctor en Sociología, Profesor de la Universidad de Concepción.
Alejandra Brito Peña, Magíster en Historia, Jefa de Carrera Departamento de Sociología, Universidad de Concepción.
Rodrigo Calderón Astete, Abogado, Master en Derecho, Profesor de la Universidad ARCIS Arauco.
Eduardo Cruzat, Magíster en Administración y Gestión Educacional, Profesor Universidad ARCIS Arauco.
José Luis Cifuentes Toledo, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Miembro del Taller de Ciencias Sociales”Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Alex Giovanni Díaz Villouta, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Miembro del Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Manuel Fernández Gaete, Magíster © en Investigación Social y Desarrollo, Coordinador de la Carrera de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles, Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Leonardo Mazzei de Grazzia, Doctor en Historia, Director Departamento de Ciencias Históricas y Sociales de la Universidad de Concepción.
Alexis Meza Sánchez, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Director Universidad ARCIS Arauco, Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Edgardo Quezada, Magíster © en Historia, Universidad de Concepción.
Fernando Robles, Doctor en Sociología, Profesor de la Universidad de Concepción.
Raúl Rodríguez, Licenciado en Sociología, Universidad de Concepción.
Máximo Sandoval Aguilera, Magíster © en Historia, Universidad de Concepción.
Robinson Silva Hidalgo, Magíster © en Historia, Coordinador Académico, Universidad ARCIS Arauco, Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Miguel Urrutia Fernández, Doctor © en Sociología, Profesor de las Universidades de Concepción y Cardenal Raúl Silva Henríquez.
Mario Valdés Vera, Magíster en Historia, académico Universidad San Sebastián, Concepción Miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale Cometa”, Concepción.
Ricardo Vargas Morales, Magíster en Historia, Director Carrera de Historia y Ciencias Sociales Universidad San Sebastián, Concepción.


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MANIFIESTO DE HISTORIADORES

I
Informe Valech

La sociedad chilena ha sido conmocionada por la publicación—parcial—del Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Mucho más que el Informe Rettig o los resultados de la Mesa de Diálogo, esta nueva y dolorosa erupción de memoria social, surgida de más de 28.000 recuerdos de torturas vividas en casi 1.200 recintos bajo control militar o policial, nos ha tornado vívida la deuda pendiente en materia de verdad y justicia, así como ha ratificado, una vez más, que el olvido no se impone por decreto. Esta vez, todos han debido inclinarse ante la fuerza y verdad que emana de esos recuerdos. Ya nadie, salvo los más culpables, podrán seguir negando que en Chile, utilizando banalmente el nombre de la Patria, se torturó y se violaron los derechos civiles y humanos de un enorme número de chilenos, a quienes se consideró y trató, no como ciudadanos, sino como ‘enemigo interno’.

El mérito del Informe Valech no radica sólo en que el Gobierno haya ordenado constituir la comisión respectiva, sino, principalmente, en que recopila y revela un trascendental testimonio ciudadano, cuya importancia no es judicial ni es sólo ética, sino, más bien, histórica y política. Como tal, es un testimonio que corona el largo y valiente esfuerzo de los luchadores por los derechos humanos, que fueron abriendo camino, trabajosamente, a la verdad y la justicia. Los deberes que se desprenden de él, por lo mismo, rebasan la esfera de acción del Estado, incluso de los tribunales de justicia, porque comporta una verdad que es ciudadana por testimonio y destino, y porque es la soberanía ciudadana la que ahora tiene que entrar en acción para hacer, no sólo justicia de tribunal, sino, sobre todo, justicia histórica y política.

El Informe tiene, con todo, debilidades. Es inaceptable, por ejemplo, que su publicación vaya acompañada de restricción: se dará a conocer lo ocurrido a las víctimas, pero se mantendrá oculto, por medio siglo, el nombre y la conducta de los torturadores y los victimarios. ¿Por qué se entrega una verdad cercenada? ¿Por qué dar libre curso al dolor y la conmiseración y no a la indignación y la justicia? ¿Por qué un gobierno que se dice democrático tiene que seguir ocultando a los culpables? ¿Es que la impunidad es una conveniencia política mayor que la justicia? ¿Es que el respeto a los poderes fácticos es más importante que el respeto a la dignidad ciudadana?


II
El contexto histórico

Algunos personajes sospechosos de culpabilidad (o tardíos legitimadores de lo ilegítimo) han procurado aminorar los crímenes cívicos y humanos cometidos en dictadura buscando justificaciones en el saco de Pandora del “contexto histórico”. Como historiadoras e historiadores profesionales, estamos ciertos que el contexto histórico es un escenario y una trama abierta que no obliga a nadie a tomar un curso de acción u otro, razón por la cual no puede, de por sí, ni explicar ni justificar ni exculpar ningún crimen contra la humanidad. Incluso un contexto de ‘crisis estructural’ como el que vivió Chile, no sólo desde 1970 – que es, para los personajes citados, el origen de todo – sino desde mucho antes. Desde que Diego Portales y el general Prieto destruyeron, a sangre y fuego, la cultura de los respetos ciudadanos y la democracia de los cabildos. O desde que la misma oligarquía desnacionalizó las riquezas del país, hacia 1900. O desde que el empresariado chileno fue incapaz de desarrollar el capitalismo nacional sin entregarlo al capital extranjero. O desde que Estados Unidos se negó a colaborar con los planes del Estado Desarrollista para industrializar plenamente el país. O desde que los militares han impuesto una y otra vez un sistema político (liberal) y un modelo económico (liberal) en oposición radical a la voluntad ciudadana. El contexto histórico chileno no se limita al gobierno de Allende, que llegó para administrar la crisis de todo eso. Fue esa crisis de largo plazo la que llevó a la juventud de los años ’60 a buscar una vía no capitalista y no parlamentaria de desarrollo (lo que ocurrió en toda América Latina), y fue la misma percepción, aunque bajo amparos y para intereses distintos, la que llevó al Partido Nacional, por la misma fecha (1966) a entregar una Declaración de Principios en la que, coincidiendo con los jóvenes revolucionarios de Izquierda, desestimó abiertamente la vigencia de la democracia liberal. ¿Y qué decir de Patria y Libertad que, acosada por la desesperación de ver caer el sistema tradicional de dominación, se lanzó trabajar y conspirar fuera de la ley y del Congreso? El contexto de la crisis estructural de la economía y del propio Estado chilenos desencadenó procesos de radicalización política en la Izquierda, en el Centro y en la Derecha, en el sentido, sin duda, de buscar otras rutas y utilizar otros medios, mejores que los que, hacia 1968, claramente, se habían gastado.

Pero nada de eso justificaba y justifica torturar prisioneros, violar mujeres con perros y ratones, perpetrar aberraciones sexuales, asesinar con perversión, dinamitar cadáveres y fondear en el mar los restos de esas vejaciones. Y menos aun usando todos los recintos militares y policiales y, cuando menos, la mitad de los efectivos que la Nación ha mantenido y apertrechado para consolidar la seguridad, la dignidad y la unidad de los chilenos.

No puede compararse la masividad y la brutalidad de esa particular ‘política de represión’ (si no se quiere reconocer que fue y ha sido una ‘política’ de los poderes fácticos, dígase al menos que es una de sus ‘técnicas’ de guerra sucia; o sea: de guerra política contra connacionales), con las bravatas ideológicas de un líder socialista, o los intentos de la izquierda revolucionaria por organizar algo que evitara o pudiera enfrentar lo que se veía venir: aquella política masiva de represión con tortura, que había irrumpido en la historia de Chile cada vez que el movimiento popular quiso hacer valer sus derechos ciudadanos. La izquierda revolucionaria no se equivocó en prever la brutalidad de lo que venía, pero sí en calcular su horrorosa magnitud. Sólo alguien con poca o ninguna conciencia cívica, como Manuel Contreras, puede seguir insistiendo en que detrás de Allende había un fantasmagórico ejército de 14.000 cubanos dispuestos a matar el doble de militares chilenos si éstos se descuidaban. Pero sin apelar a estos ejercicios de “guerra ficción”, lo que cabe subrayar es que ningún militar formado y pagado por la República puede considerar enemigos de guerra a sus compatriotas civiles, o asumir que sólo los militares son patriotas y no los civiles, o que los chilenos de clase alta son humanos y los otros “humanoides”, al extremo de cometer con ellos las aberraciones que el Tratado de Ginebra prohibió terminantemente para el trato de prisioneros de guerra entre naciones, cuanto más entre ciudadanos de una misma nación.

III
Las Fuerzas Armadas

Lo que es más grave aun, es que la ‘política represiva’ que se perfila en los testimonios del Informe Valech no ha sido un rasgo exclusivo de la Dictadura de Pinochet. Si hemos de ser rigurosos, la violación de los derechos humanos y sociales se instaló en Chile desde la Conquista, cuando nuestros pueblos originarios se vieron violentamente sometidos a una voluntad política que los despojó de sus tierras, que reprimió su cultura, negó su identidad y trató por siglos como un enemigo interno a diezmar y suprimir. Asimismo, desde que se consolidó hacia 1830 la “República Autoritaria”, los demócratas han sido muchas veces reprimidos, exonerados, relegados y desterrados –cuando no fusilados–, en tanto que los “rotos” sufrieron durante décadas castigos infamantes e inhumanos: encierro en jaulas de fierro con ruedas o “presidios ambulantes”(creación de nuestro máximo estadista: Diego Portales), sujeción al cepo, colgamientos, pena de azotes, etc. ¿Y por qué no recordar aquí las reiteradas matanzas obreras y sociales que jalonan tristemente la historia del siglo XX: Valparaíso 1903, Santiago 1905, Antofagasta 1906, Iquique 1907, Puerto Natales 1919, San Gregorio 1921, Coruña 1925, Copiapó 1931, Ranquil 1934, Santiago 1946, Santiago 1957, Santiago 1962, El Salvador 1966, Puerto Montt 1969..., donde las Fuerzas Armadas tuvieron una ‘destacada’ actuación?

Casi todos esos actos fueron ejecutados por cuerpos militares obedeciendo, por lo común, órdenes de gobiernos civiles (que defendían Constituciones impuestas por la fuerza, como las de 1833 y 1925), pero también por un insano patriotismo propio. La hoja de servicios de las Fuerzas Armadas muestra, en este sentido, un manchón que ha sido y es, histórica y políticamente, significativo. Ni Chacabuco o Maipú, ni Yungay ni La Concepción pueden lavar la afrenta que se ha cometido contra la propia ciudadanía. Mucho menos pueden atenuarla principios dudosos como el de la “obediencia debida”, el de la responsabilidad “individual y no institucional”, el de las guerras fantasmagóricas, o el tono prepotente de arenga de cuartel. Y no resulta casual que esos manchones coincidan precisamente con las grandes “coyunturas constituyentes” del pasado siglo, que son aquellas en las cuales se definían y construían las estructuras políticas y económicas que enmarcan y rigen la convivencia social, política e internacional de los chilenos. Y tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que esas “coyunturas” (trascendentales) han estado saturadas de políticas represivas y, por tanto, de miedo ciudadano. Por eso, las violaciones perpetradas durante la dictadura del general Pinochet no pueden asumirse como una anomalía patológica o un caso excepcional de individuos aislados. Por desgracia, la tortura se ha practicado en Chile desde hace mucho tiempo, y ya la policía de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931) institucionalizó la picana eléctrica como método de interrogatorio, en su caso, contra delincuentes. El general Pinochet, en un sentido, continuó esa tradición ampliándola esta vez contra grandes sectores de la ciudadanía, en una escala sin parangón histórico, y en otro sentido, produjo una ruptura en ella al perpetrar horrores sin registros anteriores. El monopolio de las armas, que la Nación ha confiado a los institutos uniformados, no autoriza en ningún caso volverlas contra el propio pueblo.


IV
Los encubridores

Y es también lamentable que muchos civiles hayan incentivado a esos institutos a actuar de la forma en que lo hicieron. Y que, de un modo u otro, hayan colaborado, ocultado o pretendido ignorar un crimen que sólo puede calificarse de ‘lesa ciudadanía’. Y que hoy, por esa colaboración, complicidad tácita o negligencia culpable magnifiquen sucesos aislados, inventen guerras falsas o se laven las manos para quedar libres de toda “connivencia”. A ellos se suman, además, todos los que se han beneficiado con los cambios introducidos mediante tales procedimientos, beneficios que no son nimios (tenemos la distribución de ingresos más desigual desde 1900), de los cuales las sumas registradas a nombre de Pinochet en el Banco Riggs son sólo muestra estadística. Los nuevos ricos ‘de mercado’ no tienen una historia, como clase, tan limpia como pudieran sugerir sus trayectorias individuales.

V
La justicia histórica

La única forma de terminar de una vez con la tradición perversa de reprimir al ‘enemigo interno’ para construir riquezas desiguales de mercado, es asumir los testimonios ciudadanos del Informe Valech como una verdad histórica y política, que, derivada de lo ético, vaya más lejos que lo judicial. Es el proceso histórico el campo de acción propio de la soberanía ciudadana, no sólo la liturgia del dolor por los deudos, el trámite engorroso de los procesos judiciales o los gestos simbólicos de perdón y reconciliación. Es preciso erradicar para siempre de la conciencia ideológica de las Fuerzas Armadas la convicción de que su tarea principal es aplastar una y otra vez al enemigo interno que amenaza los grandes intereses privados. Es preciso terminar para siempre con el temor a los poderes fácticos, que inhibe la soberanía popular, corrompe la representatividad de los políticos, torna negligentes los poderes judiciales, transforma la política en una estéril diplomacia entre clases dirigentes y obliga al pueblo a la movilización callejera y la “acción directa”.

Para poner fin de raíz a los horrores ocurridos, no basta con repetir en letanía: “nunca más”, “mea culpa”, “pido perdón”, o exhortar con voz compungida a la reconciliación, o aplaudir a cualquiera que se atreva a rezar en público tales letanías. Para que el “nunca más” sea histórica y políticamente efectivo se requiere, en primer lugar, que la ciudadanía eduque y reeduque a los grupos e instituciones que, de hecho y por derecho ilegítimo, se han convertido en poderes fácticos que violan la soberanía ciudadana. En segundo lugar, se requiere que la ciudadanía se eduque a sí misma como poder soberano, para hacer posible no sólo la desaparición de las políticas de represión y tortura contra un supuesto ‘enemigo interno’, sino también para construir una sociedad más democrática, participativa y con una distribución más justa de las riquezas que produce. Hasta ahora, la Historia dice categóricamente: Chile, desde 1830, no ha podido nunca construir una democracia y un mercado de esa naturaleza. No pocas veces los movimientos cívicos y sociales lo han intentado, pero han pagado caro por ello, ya que los poderes fácticos han torcido, en cada caso, la voluntad soberana que animaba esos movimientos.

El “nunca más” depende, en los hechos, de que seamos capaces de desarrollar, a partir de la verdad contenida en la memoria colectiva de la ciudadanía, un movimiento cívico capaz de construir, esta vez exitosamente, lo que siempre han querido construir las generaciones de luchadores por la justicia que registra la historia social de nuestro país.


Santiago, 16 de diciembre de 2004.


María Eugenia Albornoz, Licenciada en Historia, Magíster en Estudios de Género, Doctor © en Historia.
Karen Alfaro Monsalve, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, profesora Universidad San Sebastián, Concepción.
Beatriz Areyuna, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, profesora Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Alejandra Araya Espinoza, Magíster en Historia, profesor Universidad de Chile.
Pablo Artaza Barrios, Magíster en Historia, profesor Universidad de Chile.
Jorge Benítez González, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Secretario de Estudios Escuela de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS.
Ernesto Bohoslavsky, Magíster en Antropología e Historia, profesor Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.
Alejandra Brito Peña, Magíster en Historia, Jefa de Carrera Departamento de Sociología, Universidad de Concepción.
Azún Candina Palomer, Magíster en Historia, profesor Universidad de Chile.
José Luis Cifuentes Toledo, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales.
Emma De Ramón, Doctora en Historia, profesora Universidad Nacional Andrés Bello.
Eduardo Devés Valdés,
Alex Giovanni Díaz Villouta, Licenciado en Educación, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa, Concepción.
Francisco Domínguez, Doctor en Economía Política, profesor Universidad de Middlessex, Gran Bretaña.
Manuel Fernández Gaete, Magíster © en Investigación Social y Desarrollo, Coordinador de la carrera de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.
Marco Fernández Labbé, Doctor © en Historia, Becario Conicyt.
Elisa Fernández N., Doctora en Historia, profesora de la Universidad de Chile.
Mario Garcés Durán, Doctor en Historia, profesor Universidad ARCIS.
Juan Carlos Gómez Leyton, Licenciado en Historia, Doctor en Ciencias Políticas, profesor universidades ARCIS, de Talca y Alberto Hurtado.
Sergio Grez Toso, Doctor en Historia, profesor Universidad de Chile. N° 10.636 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Alberto Harambour Ross, Licenciado en Historia, Programa Doctoral Historia, SUNY Stony Brook, Estados Unidos.
Rodrigo Henríquez Vásquez, Dr. © en Historia, Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Margarita Iglesias Saldaña, Magíster en Historia, profesora Universidad de Chile.
N° 11.850 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
María Angélica Illanes Oliva, Doctora en Historia, Directora Escuela de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS.
Pablo Lacoste, Doctor en Historia, profesor de la Universidad de Talca.
Sebastián Leiva, Magíster © en Historia, Universidad de Santiago de Chile.
Leonardo León Solís, Doctor © en Historia, profesora Universidad de Chile. N° 13.028 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Manuel Loyola Tapia, Licenciado en Historia, Magíster en Filosofía Política, profesor Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez.
José Luis Martínez Cereceda, Doctor en Antropología, profesor Universidad de Chile. N° 14.222 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Jaime Massardo, Doctor en Historia, profesor Universidad Academia de Humanismo Cristiano. N° 14.374 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Leonardo Mazzei de Grazia, Doctor en Historia, profesor Universidad de Concepción.
Alexis Meza Sánchez, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Director Universidad ARCIS, sede Cañete.
Pedro Milos Hurtado, Doctor en Historia, profesor Universidad de Santiago de Chile.
Maximiliano Moder García, profesor de Historia, Ministerio de Educación.
Carlos Mondaca, Doctor © en Historia, Universidad de Chile.
Fabio Moraga Valle, Doctor © en Historia, El Colegio de México.
Tomás Moulian Emparanza, Sociólogo, Rector Universidad ARCIS.
Víctor Muñoz Tamayo, Licenciado en Historia, Maestría en Ciencias Sociales ©, Centro Cultural Manuel Rojas.
Luis Osandón Millavi, Licenciado en Historia, Doctor en Ciencias de la Educación, Jefe de Carrera Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Julio Pinto Vallejos, Doctor en Historia, profesor Universidad de Santiago.
Jorge Rivas Medina, Magíster © en Historia, profesor Universidad Diego Portales.
Pedro Rosas Aravena, profesor de Historia, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, prisionero político actualmente recluido en la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago (CAS).
Gabriel Salazar Vergara, Doctor en Historia, profesor Universidad de Chile, Decano Facultad de Humanidades Universidad ARCIS. N° 22.144 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Rodrigo Sandoval, Licenciado en Historia, Máster en Archivística, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Alicia Salomone, Magíster en Historia, Doctora © en Literatura, profesor Universidad de Chile.
Carlos Sandoval Ambiado, Profesor de Historia, Magíster en Educación, académico Universidad ARCIS. N° 22.532 del Listado de prisioneros y torturados del Informe Valech.
Robinson Silva Hidalgo, Magíster © en Historia, Coordinador Académico Universidad ARCIS, Arauco.
Soledad Tapia Venegas, profesora de Historia y Geografía, Magíster © en Gestión Educativa, Universidad SEK.
Mario Valdés Vera, Magíster en Historia, académico Universidad San Sebastián, Concepción.
Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, Magíster en Historia, académica Universidad de Santiago.
Ricardo Vargas Morales, Magíster en Historia, Director Carrera de Historia y Ciencias Sociales Universidad San Sebastián, Concepción.
Ángela Vergara Marshall, Doctora en Historia, académica UT-Panamerican, Edinburg, Texas, Estados Unidos.
Claudia Videla Sotomayor, Licenciada en Historia, Magíster © en Historia, Universidad de Chile.

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17 enero 2006

CARTA ABIERTA

Estimados, amigos y compañeros /as

Queremos dirigir estas breves palabras de reflexión, en la plena convicción de que ellas puedan ser el vehículo para motivar la acción al interior de nuestras experiencias laborales e intelectuales. De manera sucinta, queremos plantear 4 ejes de análisis que nos permitan el reencuentro y la unidad, no tan sólo en el ámbito profesional, sino que también en los compromisos académico - políticos, en que podemos aportar a la construcción de un proyecto de sociedad más igualitario, de justicia, democratizador y culturalmente diverso.

1.- El contexto compartido

Nos reconocemos como un grupo de profesores, historiadores y cientistas sociales, que de un tiempo a esta parte, ha venido construyendo interesantes espacios de confluencia intelectual, de distintas tradiciones (políticas y generacionales) en Concepción. Nuestro encuentro y experiencia laboral, académica y política, está expresada en la realización de Seminarios y Encuentros en torno a la memoria histórica, la identidad regional y la historia social, organizados por el Taller de Cs. Sociales “Luis VItale”; Jornadas, encuentros, seminarios y presentaciones de libros, en actos públicos de carácter masivo, convocadas por la Editorial Escaparate; La participación en la creación de Escuelas de Pedagogía y de Historia y Cs. Sociales en UES privadas de la región; El fortalecimiento de nuestra formación, a través de los estudios de postgrados, lo que ha incrementado nuestra masa critica.

Nuestra labor de compromiso académico político se expresó para enfrentar a través del “Manifiesto de Historiadores II” , y de “Nuestra Historia está llena de Memoria” a quienes en nombre de la Historia defienden (aún hoy) posiciones dictatoriales.

Hemos ejercido la docencia universitaria en un nítido compromiso formativo de nuevos profesionales críticos, cuestión que nos otorga una legitimidad académica indiscutible. Esto nos ha valido el reconocimiento de los circuitos estudiantiles, culturales, sociales, académicos e historiográficos en todo el país, y el ser identificados como un polo de referencia para el desarrollo de una nueva propuesta historiográfica y educativa, desde la VIII Región, critica, humanizadora, y políticamente comprometida, en el propósito de incidir en las transformaciones que nuestra sociedad urgentemente requiere.

Sin embargo, el 2005 fue un año de crisis. Al cierre de la Escuela de Historia de la USS, siguió una profunda diáspora, que nos obligó sólo a resistir el embate, refugiándonos en nuestros espacios laborales, algunos bastante precarizados.

Nuestra producción intelectual (escrita y verbalizada) se ha visto afectada por esta situación, poniendo un freno de mano a nuestro trabajo académico y sus vinculaciones sociales y territoriales. Actualmente, los pocos espacios que nos acogen (ARCIS ARAUCO, la U. Bolivariana), resultan insuficientes para promover un mayor diálogo y concretar nuestras ideas y proyectos académicos. De ahí, que sea necesario promover un reagrupamiento, amplio en ideas, consecuente en sus definiciones ético-políticas, crítico con los saberes instalados y con nuestras propias lecturas y con una clara orientación de promover el conocimiento, en directa relación con los intereses de los más postergados.

2.- Nuestros saberes y la acción pública.

Reconocemos que nuestro andar ha sido en el ámbito universitario, pero también se ha desarrollado desde la periferia académica. No es menos cierto, que hemos vivido en carne propia explícitos grados de marginalización. En este cuadro nuestra producción intelectual, si bien goza de un reconocimiento social, no ha logrado niveles de calidad, ni cantidad suficiente como para impactar en nuestra región y en el país

Debemos incorporar una sistematización de nuestra producción de conocimiento, siendo para ello necesario discutir los propósitos, ejes y estrategia donde esta producción se constituya en referencia en la discusión publica.

3.- Nuestra historicidad: Lo que no queremos SER.

La enseñanza y formación de historiadores, educadores y cientistas sociales en Concepción, vive una profunda crisis. Se trata de proyectos vetustos, agotados, carentes de dinamismo e ideológicamente sectarios. Académicamente, sus aportes están lejos de estar a la altura que el saber histórico social y los debates emergentes en educación han impulsado en los últimos años. Se reproducen lógicas autoritarias y funcionales, que se sostienen en prebendas y alianzas, cuyo único móvil es el statu quo. Hoy copan el quehacer académico local. Tienen el monopolio ideológico. Ello nos compromete a no disuadir el esfuerzo construido desde los tiempos en que cómo estudiantes, criticamos esas construcciones y que luego como profesionales, hemos puesto en jaque, al punto de transformarnos en indeseables para el establishment. Ello lejos de avergonzarnos, nos demuestra que ‘la batalla de la memoria ’, sigue vigente.

Nuestra historicidad nos posibilita la tarea de realizar opciones, de ahí que podemos compartir lo expresado por el sociólogo Hugo Zemelman cuando hace referencia a la necesidad de pensar:

De ahí que el pensar histórico sea la capacidad teórica, pero además, volitiva, ideológica y emocional, para ubicarnos en una situación determinada de creación histórica, que por sí misma constituya una respuesta para enfrentarse, cotidianamente y con eficacia, y los procesos de reificación de la realidad, o bien en las estructuras teóricas que sirven para abordarla. " p: 31-32

Consideramos que nuestra experiencia, pueden caminar en esta dirección, en particular si somos capaces de disponer los saberes al servicio de los pobres de nuestro país.

4.- Nuestro compromiso: Nuestras posibilidades, las estrategias y los recursos

Esta coyuntura de repliegue, no debe perder vista el largo plazo de articulación, que veníamos experimentando y que debemos retomar desde el 2006.

En este contexto, convocamos a pensar y crear un espacio de reflexión y acción académico social, que promueva (en tanto punto de convergencia) el debate y la producción colectiva, de aquellos/as interesados en promover el conocimiento histórico y social, bajo un sello ético y político comprometido, de alta densidad académica e intelectual, y que sea un aporte a la construcción de nuevas lógicas y realidades .
Este espacio pretende darse una orgánica y regularidad en su funcionamiento, que permita canalizar y viabilizar las iniciativas que surjan. Por ende, no debiese replicar espontaneísmos ni voluntarismos. Tampoco debe ser sólo un ‘encuentro de amigos.’ Se trata de hacernos cargo de una referencia que es real, que se expresa en los colectivos de estudiantes de los SS que se conformaron y que solidarizaron tras nuestra exoneración; en los debates promovidos por los estudiantes de ARCIS en su Congreso de Pedagogía; en la iniciativa de los estudiantes de la UB por organizar un Encuentro Regional de Estudiantes de Historia; así como en otras múltiples expresiones.

No obstante ello, no debiese ser una mera estructura que de modo autocomplaciente se instale desde nuevas lógicas de ghetto, que tanto hemos criticado. Es una posibilidad de dar cabida a nuestro pensar y hacer (el cual de por sí es heterogéneo), sin necesidad de circunscribirlo exclusivamente al espacio de las universidades. La producción del conocimiento social, no depende ni de techos ni de instituciones que amablemente nos recojan. Depende de la convicción y fuerza que nosotros seamos capaces de imprimirle.

En consecuencia, más allá de nuestras personales visiones y que respetamos en su integridad, y de las urgencias laborales, queremos plantear y demostrar que se puede ser un trabajador intelectual solidario, que procura no repetir cadenas de éxitos individualistas, sino que, somos eficazmente capaces de pensar y vivir una voluntad comunitaria de nuestro tiempo, y su humanización

Amigos y compañeros, les enviamos nuestros cordiales saludos en la decisión de reencontrarnos,


Fraternalmente


Alexis Meza Sánchez Ricardo Vargas Morales

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